Inicio del año escolar: Cuando la literatura se transforma en refugio
No todos los regresos a clases vienen llenos de entusiasmo.
Algunos llegan con silencios. Con estómagos apretados. Con frases como “no quiero ir” que no siempre logran explicarse del todo.
Porque volver al colegio no es solo retomar contenidos. Es volver a separarse. A habitar espacios donde pasan muchas cosas al mismo tiempo. Y no todos los niños saben cómo nombrar lo que sienten.
Ahí, la literatura puede convertirse en algo más que una actividad. Puede transformarse en un refugio y también en una herramienta.
Hay libros que no cuentan historias en el sentido tradicional, y sin embargo dicen mucho. Libros que no construyen personajes, pero sí escenas reconocibles. Que no narran aventuras, pero sí experiencias cotidianas.
Un ejemplo que del que ya hemos hablado en nuestro instagram es Nos tratamos bien, que pone sobre la mesa situaciones donde aparecen el conflicto, la incomodidad o la dificultad para convivir. No es un cuento. Es más bien una invitación a mirar. A preguntarnos cómo tratamos y cómo nos tratan. Y en ese gesto, aparece la posibilidad de conversar sin tener que hablar directamente de lo propio.
Porque a veces es más fácil decir: “Eso le pasó a ese niño…”. Que decir: “Eso me pasó a mí.”
Pero también están los relatos que sí cuentan una historia. Aquellos donde alguien no quiere volver. Donde el recreo cambia. Donde algo se siente distinto. Libros como Hoy no quiero ir al colegio, Qué pasó con Don Recreo o Rena permiten habitar esas emociones desde la ficción.
Y la ficción tiene esa cualidad tan poderosa: acoge sin exponer. El miedo no es mío, es del personaje. La duda no me pertenece, le pertenece a otro. En ese desplazamiento, algo se ordena.
En marzo, leer no tiene que ser una estrategia. Puede ser simplemente un gesto de acompañamiento. Un espacio donde no hay evaluación. Ni soluciones rápidas. Ni moralejas urgentes. Solo tiempo compartido.
Porque cuando los niños no encuentran las palabras, los libros pueden prestárselas.
Y cuando la rutina vuelve a instalarse, la lectura puede recordarnos que también existe un lugar donde todo puede decirse con suavidad.
A veces, volver al colegio no necesita respuestas.
Solo necesita historias que ayuden a atravesar el camino.






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